La fe actúa como un puente fundamental entre el mundo natural y el mundo espiritual. Según lo enseñado en Hebreos 11:3, todo lo que se ve fue hecho de lo que no se veía. Por esta razón, la dimensión invisible representa la verdadera realidad eterna e inmutable, mientras que el plano físico es un entorno ficticio, cambiante y pasajero. Las circunstancias difíciles como las enfermedades, las deudas o la escasez son únicamente condiciones temporales destinadas a transformarse.
El creyente es un ser interdimensional capacitado para traer a la dimensión visible todo lo que ya existe en el plano invisible. Asimismo, la fe no tiene límites al estar cimentada en la Palabra absoluta e inmutable de Dios. Al ser la Palabra Dios mismo y tener poder creador, la fe permite manifestar todo lo necesario.





