La oración y el Espíritu Santo están unidos por un diseño divino que establece el orden de orar, creer y recibir para que lo dicho sea hecho. La fe que mueve montañas nace de una vida de oración constante, la cual otorga luz estratégica donde otros suelen tropezar. El Pastor Javier Bertucci subraya que la sensibilidad espiritual se cultiva en la intimidad profunda, buscando un encuentro real y genuino más allá de solo llenar el tiempo. La prioridad absoluta debe ser la Persona del Espíritu Santo antes que las peticiones materiales o el mismo servicio ministerial. Él es el poder ejecutivo de Dios en la tierra y ofrece una relación estrecha y permanente. Al orar, el cielo se abre de inmediato sobre el creyente, otorgándole una identidad de hijo amado que borra cualquier rastro del pasado. Tener al Espíritu es tenerlo todo, pues Su amor único nos guía a la rectitud y nos fortalece siempre para el propósito divino.
