La oración es una disciplina espiritual que determina el hambre y la sed por Dios. Dado que la carne se resiste y prefiere las distracciones cotidianas, se aconseja comenzar con cinco minutos diarios e ir aumentando el tiempo de manera constante y progresiva.
Jesús es el modelo perfecto de fe: oraba a solas de madrugada y en la noche para recibir instrucciones del Padre. La oración privada e íntima trae verdaderas victorias, mientras que confiar en influencias humanas solo hace perder el tiempo.
El pastor Javier Bertucci enfatizó que orar abre las puertas a lo sobrenatural, superando cualquier lógica terrenal. La perseverancia en el clamor fortalece la fe y transforma los momentos de angustia en soluciones concretas. Buscar a Dios en el secreto resuelve cualquier necesidad según su voluntad.

























