Recupera tu hogar: el intruso no tiene potestad
Un enemigo invisible ha invadido lo que más amas. Se introdujo en tu hogar, manipuló tus circunstancias y te hizo creer que tenía derecho sobre tus hijos. ¡Pero te vendió una mentira! Por la sangre de Cristo en la cruz, tú posees los títulos legales de propiedad sobre tu bendición y tu familia. Las oraciones de un justo jamás mueren; permanecen activas ante Dios rompiendo cadenas de generación en generación.
Es hora de dejar de rogar como mendigo y levantarte con la autoridad de un heredero legítimo. El invasor no tiene poder en tu casa. ¡Ponte de pie y expulsa al usurpador hoy mismo!
